Levántate y anda



Esteban recurrió a la Alquimia Genética porque llevaba tres semanas postrado en su casa, totalmente desconectado del mundo mundial, como bloqueado (paralizado, podríamos decir), sin saber qué hacer, ni en qué sentido moverse. Como estrategia para apartar las disquisiciones recurrentes de su mente, se le ocurrió “viciarse” con juegos electrónicos. Me comentó que una de las cosas que más le preocupa es que tiene a menudo tapones en los oídos, concretamente desde que alguien le hizo sumergir su cabeza en el agua, en un día de playa. Además, dice sentir auténtico terror por el agua, sobre todo a tocar fondo, en el mar o en una piscina, apenas si sabe nadar, a sus cuarenta años.
El agua es símbolo de emoción, sentimiento, deseo, capacidad de amar, Esteban no quería ni oír hablar de sumergirse en su mundo emocional, y ello es lógico si consideramos que tuvo una madre fría y alexitímica (no sabía expresar sus emociones) y que tendía a criticar y menospreciar a su hijo. Hasta ahí un cuadro muy común.

Padece además una intoxicación por mercurio, creada por unos tratamientos dentales, que no son más que una fachada que esconde un problema más profundo: darle demasiadas vueltas a la cabeza, sobredosis mental, siendo Mercurio precisamente el representante del intelecto, de la mente, de la lógica, la razón, el entendimiento y la comunicación. Darle la vuelta al marcador  con una mente excesivamente discursiva o inquisidora puede derivar en una intoxicación por mercurio. Es lo que los físicos cuánticos llamarían el colapso de la función onda, la onda/luz/información colapsa cuando somos incapaces de integrarla. Es cuando necesitamos ver representado nuestro teatrillo interior, con actores y decorados. Pero luego ellos presentan su minuta kármica, así nos enteramos de que es preferible captar la información cuando se presenta en forma lumínica, como una onda, porque su contrapartida –la partícula- a veces hace “pupa”.

A Esteban se le destensaron los músculos del rostro cuando comprendió que había tenido la mejor madre del mundo, porque era la que él había elegido, lo que vivió con ella fue el fruto de un pacto entre almas, del estilo: “tú me pones el dedo en el ojo hasta que salga por detrás de la cabeza y así yo me entero de lo que vale un peine”. Del por qué Esteban hizo semejante pacto no nos ocuparemos, es lo de menos, lo importante es que entendiera que no hay malos ni buenos en su película, que todo está como tiene que estar.

Un trauma es lo más parecido a una pelota de energía oscura, Jung decía que para deshacer este tipo de estructuras, es preciso movilizar una cantidad de energía mayor. Es decir, mandar un “misil” de luz y amor hacia dicha vivencia y hacia sus protagonistas. Es lo que hicimos al buscar una excelencia angélica en la psique de Esteban, es decir que le propuse realizar un viaje cuántico al momento de sus vidas (pasado o futuro) en el que desarrolló con más eficacia el programa de uno de sus ángeles, relacionado con el área psíquica que más le estaba llamando la atención (esto se hace a través de su carta astral, dentro de la terapia).

Encontró un personaje, un médico de pueblo que atendía muy amorosamente a sus pacientes, y al preguntar por un momento culminante en el ejercicio de su profesión, Esteban me comentó lo siguiente:

- Veo a una señora mayor que está en silla de ruedas
- ¿Qué le pasa?
- Tiene una enfermedad degenerativa, creo que es diabetes, yo (el médico) la estoy cuidando
- ¿Logras sanarla?
- No, pero mejoro mucho su vida porque la libro del dolor. Ahora me viene la imagen de un parto en el que he salvado a la madre y al niño, que tenía el cordón enrollado en el cuello
 - Mira a los ojos a la señora paralizada y dime qué sientes
- ¡¡¡Ostras!!! Es mi madre
- Vamos a imaginar que ese médico despierta al Cristo que hay en su interior y con esa fuerza le dice a la paciente: “Levántate y anda”
- La señora se pone de pie, va dando pasos, le sujeto las manos entre lágrimas de emoción
- Dile: “Ves, Mamá, como puedes andar, he reconocido tu papel en mi vida, te he visto sin tus disfraces temporales, he visto tu luz, y sé que todo lo que viví contigo era necesario para mi crecimiento y aprendizaje como humano, nunca más volveré a dudar de tu amor, Mamá”.
- Ella dice que me quiere mucho
- Abrázala muy fuerte

La diabetes está muy conectada con el hecho de no saber amar no dejarse amar (lo comenta T. Dethlefsen en su magnífico libro “La enfermedad como camino), y eso acaba paralizando, impidiendo nuestro avance. Así de saludable estaba la imagen que Esteban tenía de su madre. Movilizando su fuerza crística, hemos logrado diluir ese trauma y rehabilitar esa imagen. Es de suponer que Esteban irá recuperándose de su “sordera” emocional y de su terror al agua. Por otro lado, el niño que se enrolló el cordón alrededor del cuello porque no quería nacer también era él. Y lo hermoso es que Esteban ha sido capaz de descubrir en sí mismo una fuerza –la del médico- capaz de sanar a su niño interior y a su relación con su madre.

Soleika Llop

2 comentarios:

Esther Ceron dijo...

Como siempre Sol, una experiencia preciosa.
Besos

Oscar Riveros dijo...

Solete Divino: Es una experiencia maravillosa y una demostraciòn más de que todos somos capaces de llegar a la profundidades oceánicas de nuestras emociones y recupar la joyas preciosas alli escondidas.
Es divino como tu, al leerlas me han brotados lagrimas de emocion, un abrazo infinito y un besazo

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