Aprender a gestionar la propia luz

Hace unos meses me pidieron que escribiera unas líneas sobre el tema de la gestión de la abundancia, para ilustrar un vídeo. Por cuestiones que no vienen al caso, el post no se publicó, acabo de encontrarlo al revisar antiguos escritos, así que lo comparto, porque de poco sirve durmiendo en un archivo.

La luz y el dinero son como el vapor de agua y el hielo, se trata de la misma energía, en su manifestación más sutil o más densa. Por lo tanto, es de suponer que si aprendemos a manejar una cosa, sabremos dominar la otra. Para saber por qué nos está pasando algo determinado, siempre es interesante preguntarse a qué nos obliga.


Antes de construir un edificio, es preciso que un arquitecto elabore los planos. Cuando está a punto de formarse un feto en el vientre de una madre, sus células son indiferenciadas, idénticas, sin embargo algunas se juntarán para formar un hígado, otras para formar un riñón o un corazón. Pero para ello, es necesario que sigan las directrices de algún “arquitecto”, que es el  Yo angélico, el que está especializado en la morfo génesis, es decir, en la creación de formas. Lo que quiero decir es que cualquier manifestación que pertenece al mundo de la forma, al de la tercera dimensión, ha sido creada en base a unos planos elaborados con anterioridad, responde a un diseño.

Por consiguiente, el actual estado de la economía también responde a un diseño previo. Si las cosas no nos gustan, para cambiarlas es preciso acudir al patrón original. ¿A qué nos lleva la actual coyuntura? Pues a indagar, a investigar, a buscar, preguntar, comunicar. Y rebuscando tal vez caigamos en la cuenta de que todo ese tinglado lo hemos creado entre todos.

¿Cómo cambiar el diseño? Pues por ejemplo entablando un diálogo con la parte de nuestro ser que se encargó de elaborarlo, así de sencillo. Ese diálogo ya existe, pero habitualmente es onírico, se realiza mientras dormimos y luego no nos enteramos. El reto consiste en dialogar de forma consciente, por ejemplo a través de la meditación. Pero para ello es preciso crear un espacio de silencio. De la misma forma que para entrar nuevos alimentos en el frigorífico, antes hemos de vaciarlo.

El ruido no siempre es perceptible en el exterior, a veces es interior, decibelios de dudas, de resistencias mentales, de pre condicionamientos, de entelequias, de fast food informacional, de preocupaciones, de incursiones en el pasado o en el futuro. A veces ocurre que esas dos mitades (pasado y futuro) del bocadillo son tan grandes que lo que está en medio (el presente), que es la sustancia, apenas si se nota, no le encontramos el sabor. Si silenciamos el mencionado estruendo, tal vez podamos acceder al diálogo con el Gran Hacedor, el Gran Arquitecto, nuestro Yo cuántico.

Y entonces podremos sugerirle que nos diseñe una realidad risueña, abundante, bella, armoniosa. Son cada día más numerosas las personas que han comprendido que una patología no es más que una señal, un poste indicador de que algo anda mal por dentro, de que el alma nos quiere transmitir un mensaje y no nos enteramos. En cuanto nos abrimos y captamos el mensaje, el mundo celular vuelve a la normalidad, la enfermedad desaparece. Todo ello es perfectamente extrapolable a la dinámica de la sociedad. El cuerpo social que entre todos formamos también tiene sus patologías, se llaman paro, violencia de género, o violencia a secas, guerra, recesión económica y un largo etc. Atendamos su mensaje y las circunstancias cambiarán.

Si tenemos un hijo con un defecto determinado, cuanto más se lo digamos o lo comentemos con las amigas, más energía estaremos inyectando a esa actitud, más la reforzaremos. Podemos aplicar este razonamiento a la actual coyuntura económica, cuanto más hablemos de ello de forma negativa, con desánimo, hastío, críticas a los gobiernos, a los empresarios o instituciones, cuanto más nos quejemos y lamentemos, más carburante energético estaremos inyectando en el motor de la crisis.

Actualmente se está poniendo muy de moda entre los internautas un juego llamado “second life” en el cual los participantes crean una realidad paralela en la que pueden interactuar con otras personas, cada una se crea su propio personaje. Propongo, como ejercicio, que cada persona se cree su propio refugio, puede ser en el mar, en la montaña o dónde sea, según preferencias. La primera vez puede ser una casita pero en cada nueva visita, se pueden añadir detalles, hasta incluso crear una ciudad. Y en ese lugar imaginaremos que disponemos de todo aquello de lo que nos gustaría rodearnos, de toda la abundancia, la belleza, la magnificencia o el lujo, ¿por qué no? que nos gustaría tener.

Por ejemplo si lo que más echamos en falta es una bañera con burbujas, pues la creamos virtualmente imaginando la caricia del agua sobre nuestra piel. Si lo que nos apetece es un chalet con vistas a una hermosa playa, lo creamos, con todos sus detalles etc. Toda la energía que dediquemos a la creación de ese Edén particular, la restaremos a la cofradía de la santa queja (como diría Sabina) y aquello de lo que antes nos lamentábamos irá perdiendo fuelle.

Para que una realidad cualquiera se mantenga a flote, hemos de inyectarle carburante de forma constante, y eso es lo que está ocurriendo. Si uno abre la radio, la TV o la prensa, no oye hablar de otra cosa que de esa coyuntura negativa, así que no es de extrañar que se agudice más y más. Y lo hará hasta que demos un volantazo de conciencia. Hasta que aprendamos a gestionar nuestra propia energía, es decir, nuestra luz, co-creando la realidad con la que soñamos, elaborando nuevos hologramas y activándolos con nuestra voluntad.

Soleika Llop


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