…Y seguimos hablando del fumbo…

Y es que el tema tiene mucha miga. En estos días, los hinchas del club de los “ismos” han sido objeto de comentarios de indignación por parte de los que han cabalgado sobre las olas de la felicidad, el entusiasmo, el júbilo, la empatía y el sentido de pertenencia. Pero ¿qué ganamos con esos comentarios airados?...

Pues simplemente hacerles el juego, ponernos a la misma altura. Lo que ha ocurrido es una consecuencia de la ley de polaridad, si hemos alcanzado el extremo júbilo, es lógico que se manifieste y quede al descubierto la polaridad contraria, la de los recalcitrantes del parque jurásico.

Pero ¿Y si lo hicieran –inconscientemente- para que los demás les mandáramos amor, para que les abriéramos los brazos y les invitáramos surfear sobre nuestra ola?Vayamos un poco más lejos: ¿Y si hubieran asumido amorosamente (de forma inconsciente), en servicio a la humanidad, hacernos entender por contraste las ventajas de la postura unificadora y armonizadora? ¿Y si en vez de vilipendiar a la madre del árbitro y de algunos jugadores holandeses pensáramos que éstos se han prestado, en amoroso servicio inconsciente, a hacernos palpar las desventajas del juego sucio?

Se está hablando mucho del acceso de la Tierra a la quinta dimensión, si queremos que pase de ser un bello ideal a algo palpable, hemos de mojarnos. La quinta es la dimensión de la conciencia. En el caso que nos ocupa, actuar desde la conciencia sería comprender que si insultamos a la madre o a los ancestros de los que juegan sucio, estamos haciendo lo mismo que ellos, estamos propinando patadas psíquicas a esas personas. Y con eso lo que se consigue es inyectar carburante al egrégor negro, a esa estación de servicio de la que se nutren todos los que juegan sucio, en el deporte o en la vida, que para el caso… Si queremos entrar en la 5D, que no sea de boquilla, seamos consecuentes.

Propongo para ello una sencilla visualización, imaginemos que todo el júbilo y la alegría que hemos sentido en estos últimos días toma la forma de un mar y que introducimos en esas aguas, tanto a los jugadores holandeses como a cualquier periodista, político, directivo deportivo o persona de a pie que pertenezca al club de los recalcitrantes y de los jurásicos.Ahí queda eso como tema de reflexión.

Soleika Llop

http://abriendoconciencia.blogspot.com/

2 comentarios:

Sibila. dijo...

Es verdad el planteamiento de Solëika, son totalmente ciertas sus palabras.(!!)
¡Es real su planteamiento!: "ver en el juego sucio lo que no nos gustaría que hiciéramos nosotros" (mantengamos ese cambio en la actitud al que se nos invitaba en el artículo precedente sobre el "fumbo").
Además, y evocando las palabras del jefe indio Noah Seattel: "todo lo que hace el hombre a la Tierra (o a los "otros significativos" en forma de esas soeces imprecaciones en el discurso que se predica), se lo está haciendo el hombre a sí mismo..."
Y para ser breves... como se deprende del sutil discurso de Solëika y como dice Mari Sol Olba en su bibliografía: "Si tú cambias, el mundo cambia".
¡Pero....ay, el verdadero cambio no se da si ése no se inicia desde el interior, es decir, el cambio no ha de ser conductual sino de matiz valorativo, axiológico.
Nada más. Muy buen artículo, Solëika. (!!)

Anónimo dijo...

He utilizado este curso el futbol como ejemplo de lo que seria sentirse uno.
Es uno todo lo que tiene el mismo propósito y la misma función, y en el futbol todos tienen el mismo propósito y la misma función, el poli junto al ladrón el rico junto al pobre, solo se ven desde esa perspectiva; incluso con el complemento de la polaridad del otro equipo, sin el que sería imposible jugar.
Les digo a las mujeres que no se preocupen por que sus chicos vayan al futbol, por que en realidad van a ensayar a sentirse uno. Ningún movimiento que hace el ser humano es tonto o desaprovechable, y hoy en día es prácticamente imposible sentirse inocentemente uno y expresarlo, salvo para el futbol...
Vi no hace mucho un video que estudiaba la perfección de la ola espontánea hecha en un estadio lleno de aficionados y como su ritmo era igual que el del corazón. Pienso en el tremendo trabajo que sería hacer lo mismo con gente que no tuviera el mismo propósito y la misma función.
Los niños van juntos a ver los partidos y luego se unen para entrar en la fuente de la ciudad que está protegida por la policía. Ellos ensayan como conseguir un objetivo todos juntos. Le pregunto a mi sobrino de 15 años qué es lo que hacen y me dice que se agarran todos juntos y que empiezan a hacer intentos como que van y no van todos a una y cuando parece que la policia se despista consiguen meterse. Por supuesto el día de la final no había policía.
Yo recuerdo mas o menos a su edad mi bautizo con la policía corriendo despavorida delante de los grises, me río y digo que todo es pefecto. Nosoros nos uníamos para enfrentarnos al miedo,y siempre acabábamos dispersados. Ellos tienen como objetivo el agua, la celebración, y un vacio de contenido salvo la unión misma que hace que ni vean a la policía, que me imagino que también hará como que no les ve.
Yo nunca veo los partidos, no me gustan, pero me dedico a ver el alma de la gente en el uno y hago trampa (creo que consentida)les reciclo el próposito y la función.

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