Liberando el Alma

Hoy veremos un ejercicio realizado por una persona –llamémosle Pedro- desde su casa, con la Capa 3 de su ADN. Pedro ha emprendido el recorrido iniciático por las doce Capas de su ADN, a través de la Terapia de Alquimia Genética.

El verdugo representa una tendencia a auto agredirse, al auto castigo, a las estrategias de auto sabotaje, en lo referido a la Capa 3. (De momento prefiero no dar demasiadas explicaciones sobre los contenidos de cada Capa para evitar condicionar a las personas que las están trabajando, es mejor que no sepan nada sobre ellas)...

Los castigos de la iglesia hacen probablemente referencia a viejos patrones judeocristianos. Pedro se estaba juzgando a sí mismo de forma muy dura. Esa tendencia/juez estaba despotricando contra la parte crística de su ser.

En las celdas de su inconsciente, Pedro tenía encerrado un impulso que quiso llevarle a “cambiar el sistema”, o sea a dejar de enjuiciarse y auto agredirse. Tenía también preso a su niño interior, sus ganas de jugar, divertirse, su capacidad para reír, ser espontáneo, inocente, puro. La mujer castigada por prostituirse representa su sensibilidad, su yo femenino (ánima), su intuición, su imaginación, su receptividad, su fantasía. Pero esa parte de su ser no supo aprovechar adecuadamente su potencial, lo “prostituyó”, por eso quedó encerrado, inoperante. Tenía encerrada también su capacidad de amar y, en definitiva, a su propia alma.

Pero lo hermoso es comprobar que a pesar del encierro al que ha sido sometida, su alma logra liberarse y guiarle en la exploración de sus bajos fondos. El pueblo celular/psíquico de Pedro está encantado por esta liberación. La iglesia, su iglesia interior, esa estancia de su psique que estaba condicionada por patrones rígidos y decimonónicos, se transforma en un lugar alegre en el que Pedro podrá estudiarse a sí mismo.

Impacta la forma en que Pedro se ha psicoanalizado a sí mismo y en que se ha autosanado. Este es, en definitiva, el objetivo de la Terapia de Alquimia Genética.

“Lo primero que he visto al empezar el ejercicio ha sido mucha luz. Un Sol muy fuerte que me cegaba. No veía nada más a mí alrededor y pensaba que era un desierto pero por otra parte intuía que no era así y que había algo más. Me he puesto unas gafas de Sol especiales y entonces lo he visto. Estaba en una ciudad, de casas bajas pero muy ordenadas y muy bonitas. Sin las gafas seguía sin ver bien pero ahora veía al menos un poco como si fuese un holograma.

Mi pueblo celular ha empezado a salir de sus casas. Eran gente muy especial, no sé cómo expresarlo, como muy espirituales. Se han ido acercando a mí. Yo llevaba las gafas para verlos. Hemos ido andando por la calle principal hasta llegar a un centro. A la izquierda había una columna pequeña de piedra, y entonces yo he tenido recuerdos. Me he visto atado a esa columna azotado por un verdugo. Yo era los dos personajes. Enfrente de esa columna de ese lugar de castigo había una iglesia con su techo apuntando muy hacia arriba.

Ahora había un montón de gente conmigo. Yo no sabía qué hacer y de repente he sabido que en esa iglesia es donde se dictaban los castigos, ahí vivía el juez. Un juez implacable. Yo estaba muy asustado. Jesús –el guía que elegí- me ha dicho que luego podía llamarlo pero que era importante que entrase solo. Me ha costado mucho entrar. Una niña ha venido y me ha dicho al oído que no debía dejarme engañar por el juez, que él lo intentaría. Toda la iconografía era religiosa de alguna manera, un altar, etc. He entrado en la sacristía donde sabía que estaba el juez.

Estaba de espaldas. Al volverse me ha sorprendido mucho porque era tan joven como yo. Yo pensaba que sería muy viejo. Ha empezado a decir unas barbaridades bestiales, de forma implacable. Sobre ese Jesús de los cojones al que él veía empalado y otras bestialidades por el estilo. Él es quien dictaminaba los castigos. Ejecuta los castigos por cosas que el mismo piensa y me hace creer que soy yo. Sentencia a través de sus propios juicios. Conozco muy bien a ese ser tan implacable. Soy yo mismo.

He despedido al juez, le he dado las gracias por lo que me ha enseñado a través de mis propios auto juicios y le he dicho que ya no deseaba aprender a través de esta vía. Le dije que lo amaba y lo respetaba por su labor y lo mandé a la nave cuadrada para que ascendiera.

Luego la niña me dijo que bajara al sótano. Esta niña ha sido mi maravillosa guía. Abajo era había una cárcel con cuatro celdas. He empezado a visitar las celdas. En la primera estaba un hombre muy viejo al que había encerrado allí por querer cambiar el sistema, por querer cambiar esos juicios. En la segunda celda había un niño terriblemente aburrido. Su castigo era no jugar. En la tercera había una mujer castigada por puta simplemente por ser mujer. Y en el cuarto había un joven, un adolescente acusado de haber amado mucho.

No hacía sino escucharles, pedirles perdón y llorar. En cuanto hemos subido todos para arriba mi pueblo nos estaba aplaudiendo. Ocupaban toda la iglesia y ya estaban cambiando muchas cosas. Los que estaban encerrados se han integrado entre ellos y han empezado a recuperarse. Entonces la niña que me hacía de guía me ha dicho que había que bajar otra vez. Que había una quinta celda, la peor y más pequeña de todas. He bajado y la he abierto. Al fondo había una niña. Era la misma niña que me hacía de guía. Tenía tanto miedo de preguntar y de averiguar que he empezado con trucos para no hacerlo.

La niña me ha dicho que no hiciera caso a esos juegos de aprendiz de brujo Entonces he podido averiguarlo. Me ha dicho que se dedicaba a la inocencia y un poco más tarde he averiguado que era mi alma pura. De alguna forma había podido burlar la cárcel y avisarme y guiarme para que la liberara. Que siempre que tuviera dudas que la podía coger de la mano y me ayudaría. Yo no hacía sino repetirme ¡qué bestia soy! Ha sido absolutamente emocionante y liberador. Maravilloso tenerla a mi lado.

Como si recuperara lo más íntimo de mí. Al salir a fuera nos han casi reverenciado. Hemos cambiado toda la iglesia en una sala de conciertos y estudio. Hemos recitado todos juntos el nombre la capa 3, y entonces al salir afuera nos iban haciendo pasillo hasta donde estaba la columna de castigo. La columna había desaparecido, en su lugar sólo había una placa que decía “gracias”. Además al quitarme las gafas ya podía ver y no sólo ver sino que ahora veía los colores. No sé por qué esto me ha alegrado muchísimo, me ha puesto como unas castañuelas. Ha sido algo muy, muy emocionante.”

Soleika Llop
www.abriendoconciencia.blogspot.com

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