¡Queremos luz! ¡Queremos luz!

Es el grito con el que se lanzó a la calle en estos últimos días un nutrido grupo de barceloneses para protestar por un apagón que dejó a la ciudad sumida en un caos colosal. La caída de un cable eléctrico generó la posterior caída de cinco subestaciones, entre las 10 h 53 y las 11 h 15 de la mañana del 23 de julio 2007.

Un detalle que tiene miga es que en medio de ese lapso de tiempo, tenemos al famoso 11.11. Según Kryon el número 11.11 significa: “El comienzo de la iluminación y acción espiritual adecuada en el planeta. Esto es un apunte para los seguidores de Kryon, que sabrán sacarle su jugo.

Este suceso coincidió con el reencendido del pebetero que guarda la llama olímpica, como conmemoración del 15 aniversario de los Juegos Olímpicos, que se celebraron en Barcelona y que constituyeron una de las etapas más brillantes de la historia de esta ciudad.

No deja de ser curioso que el recuerdo de aquellas olimpiadas que trajeron tanta luz a la ciudad condal coincida ahora con el apagón. ¿Qué ocurre? ¿Acaso los barceloneses han dejado de ser olímpicos o han dejado de ser luminosos?

El caos que se creó permitió a la gente darse cuenta de lo necesaria que resulta la luz en todos los ámbitos de la vida. A veces, cuando nos vemos privados de las cosas es cuando empezamos a valorarlas en su justa medida. Es el sistema “Al revés te lo digo para que me entiendas”, utilizado por los instructores del lado oscuro de la fuerza (como diría Daarth Vader).

De todo ello se desprende una reflexión más profunda: si la luz exterior es la que asegura el correcto funcionamiento de nuestra organización social, la luz interior es la que garantiza la buena marcha de nuestra entidad humana. Sólo que una cosa depende de la otra. De igual modo, sabemos que la polución exterior es la cristalización o manifestación en 3D de una cochambre interior, tejida con odios, rabias, rencores, separatismos, envidias, críticas y demás bajezas de nuestra condición humana.

Cuando una infraestructura es obsoleta, cuando el sistema de cableado es defectuoso, las sobrecargas en la red pueden echar abajo todo el tinglado. Tal vez lo que ha ocurrido con este apagón sea la escenificación de lo que puede pasarle a nuestro organismo, físico y psíquico, si nos aferramos a lo que se ha dado en llamar la vieja energía. Es la que nos lleva a la exaltación egóica, la que nos hace dar vueltas alrededor de nuestro ombligo, ajenos a lo que le ocurre a la colectividad. La vieja energía es la que nos induce a buscar las respuestas en el exterior, a buscar culpables que nos descarguen de nuestras propias responsabilidades. ¡Queremos luz! ¡Queremos luz! La culpa la tienen las empresas eléctricas. ¡Queremos luz! ¡Queremos luz! La culpa la tiene el Ministerio de Industria. ¡Queremos luz! ¡Queremos luz! La culpa la tiene el apuntador. ¡ Matemos al mensajero, eso le pasa por traer malas noticias.

¿No será que Daarth Vader y sus secuaces (que no son más que ángeles vestidos con una capa de sombra, para disimular) nos están gastando una broma cósmica? Tal vez hayan pensado: “¿Y si les apagamos la luz para obligarles a pedirla a gritos?”

Algo muy semejante ocurrió hace unos años cuando un virus informático llamado (muy estratégicamente) “love” –amor- infectó ordenadores en el mundo entero. El resultado fue que esta palabra fue pronunciada y escrita a profusión durante al menos un par de semanas. Otra broma adscrita al sistema “al revés te lo digo...”

Para paliar el desaguisado, tuvieron que traer grupos electrógenos individuales. Siguiendo con las analogías, podríamos deducir que para evitar los efectos indeseables de cualquier subida de tensión en nuestra red particular, lo más aconsejable es disponer de una conexión personal a la red. Así no dependemos de lo que le ocurra a la manada. Y esta conexión personal se consigue a través de la meditación, de la oración, de la elevación de la conciencia y del acercamiento a nuestro núcleo divino.

En la antigua energía, dependíamos de unos maestros, guías, gurús, swamis, jefes de tribu, sacerdotes y demás intermediarios. Dependíamos de las instalaciones de la red general. En estos casos, cuando hay crisis, es colectiva, todo el mundo queda pringado, que es lo que ha pasado con el apagón. En cambio los comercios o entidades que disponían de un grupo electrógeno propio no se vieron afectados. Fue el caso del Corte Inglés, no le pasó nada porque es uno de los más grandes, de los que pertenecen al Olimpo (de los comercios).

Esta anécdota nos sugiere que si pertenecemos al Olimpo –que era el lugar en el que se reunían los dioses en la mitología- , si estamos incluidos en el grupo de los “grandes” y nos codeamos con la crème de la crème, léase nuestro núcleo divino y sus embajadores plenipotenciarios, los ángeles, no hemos de temer las subidas de tensión ni las sobrecargas en la red porque sabremos canalizar adecuadamente la luz que nos llegue. La mejor forma de hacerlo es repartirla generosamente entre nuestros congéneres, es inundar con ella a nuestro sufrido soporte físico: Gaia. Si conectamos directamente con la fuente, nuestros plomos nunca más se fundirán, aunque todo esté oscuro por fuera, nosotros tendremos luz propia y seremos faros para los marineros en peligro.

Coincidentemente, un amigo me comentó ayer mismo que había asistido a una canalización de unos seres de luz que manifestaron que ahora ellos se están empezando a retirar para dejarnos solos ante el peligro, como Gary Cooper (en la famosa película). Dicho de otro modo, nos quitan el “taca-taca” para que empecemos a andar por nuestros propios medios.

A buen entendedor.......


Por Soleika y Tristán Llop

No hay comentarios:

Entradas populares